[et_pb_section bb_built=»1″][et_pb_row][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text _builder_version=»3.0.105″ background_layout=»light»]

Amo la tecnología y todo el avance que ha tenido en los últimos veinte años, pero sinceramente en cuanto a ligar (vacilar, coquetear…), yo soy de la vieja escuela.  

Sigo apreciando aquello de conocer a alguien sin esperarlo, sin proponértelo. Conocerlo en una fiesta o en un restaurante o sentada en el parque o porque un amigo te lo presentó. Esa etapa tiene su encanto, digan lo que digan los amantes de las redes; para encontrar pareja o sexo, para mí no hay nada como sorprenderte a ti misma conociendo a alguien en una noche de conversación, entre risas y copas. Y, al día siguiente, disfrutar del recuerdo del feeling surgido con esa persona.

Y es que estás segura de que allí pasará algo, pues él te vio en vivo y en directo, sin filtros ni retoques, sin poses estudiadas, te conoció tal cual eres. Pudiste dar tu mejor primera impresión conversando, pudiste sentir esa sensación en la piel cuando sabes que ese feeling se ha producido con alguien…

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][et_pb_row][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text _builder_version=»3.0.105″ background_layout=»light»]

Te reíste, te divertiste, te sentiste sexy y coqueta con su mirada recorriendo tu cuerpo. Es que eso, aunque luego no se llegue a nada, se disfruta mucho. Y lo mejor es que te quedas con esa sensación durante varios días.

Y amante del contacto directo como soy, obviamente no me había interesado por ninguna de estas redes para encontrar parejas o simples citas sexuales.

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][et_pb_row][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text _builder_version=»3.0.105″ background_layout=»light»]

Pero… hace como un año se desató una ola en la gente a mi alrededor; todo el mundo hablaba de Tinder. Que si Tinder es increíble, que si se consiguen los mejores partidos, que si sexo por todos lados… Y no era sólo un brote, fue cosa de varios meses. Y una curiosa como yo no aguanta mucho.

Así que sucedió lo que están pensando: me abrí mi cuenta en Tinder y ahí me puse, en modo niño con juguete nuevo, seleccionando hombres como en menú de restaurante.

Los primeros 20 minutos fueron divertidos. Luego ya te cansas y los seleccionas a todos, a ver cuál es el que quiere caer primero… aunque sea al propósito de tener algo de conversación. Sinceramente, en ese momento no sabía exactamente cuál era mi intención, si verdaderamente ligar o tan sólo curiosear a ver si era cierto lo que decían. La cuestión es que me lancé al río, pero creo que el río estaba un poco seco porque me lleve un par de tortazos.

Según me habían explicado, yo elegía, pero luego debían elegirme ellos, así que por ese día lo deje. Al día siguiente lo abrí y, para mi sorpresa, tenía ya más de cincuenta coincidencias. Pensé: «Esto va viento en popa. Mejor de lo que imaginé».

Pero ahora la disyuntiva era esperar a que me escribieran o escribirles yo…

Para mi suerte no tuve que darle muchas vueltas pues empezaron a llegarme saludos. Así, me ensarté en las típicas conversaciones de inicio: «¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? ¿Cuántos años tienes?»… Con esta última ya de por sí huyeron algunos…

Cuando, de pronto, una pregunta llamó mi atención:  

— ¿De verdad eres liberal o sólo lo pusiste para impresionar?

En mi perfil había puesto «Libre, fuerte, independiente, anarquista y liberal». A ver, que lo soy, no exagero en nada… y no lo hice por alardear. Son las palabras que siempre uso para definirme de la forma más rápida y más directa.

Así que le contesté un:

— Hola, sí lo soy. ¿Por qué lo dudas?  

Y es que para mí no tiene mucho sentido andar inventando cosas:

— Porque es raro encontrarse por aquí una mujer que lo diga abiertamente.

— Y tú, ¿es que andas a la caza de mujeres liberales?

— Sí. Son más más fáciles de tratar. No tengo que andar dando rodeos.

— Qué bien: a mí tampoco me gustan los rodeos.

Y así fue como me llegó el mensaje más surrealista que he leído en toda mi vida:

— Entonces, ¿estás lista para la mayor aventura sexual de tu vida?

«¡Pero será engreído éste!», me dije.

— De hecho, estoy lista desde hace mucho tiempo.

— ¿Ah, sí? Cuéntame… ¿Cómo así?

Él lo estaba pidiendo y se estaba pasando de listo, así que le mandé la descarga más liberal que se me ocurrió:

— Pues supongo que estoy lista desde el día que decidí ser liberal. Tengo novio, pero es una relación abierta. Somos swingers y, cuando me apetece, practico BDSM… Oh, y de hecho estoy en Tinder porque mi chico y yo queremos un trío con otro chico. ¿Te animas?

Exagere un poquito, sin duda; pero si nos ponemos «de sabidos» a ver quién gana, ¿no? El asunto es que, al parecer, a este «Superman-Dios del sexo» no tuvo que gustarle mucho mi respuesta porque no volvió a escribirme nunca.

Y es que hay hombres que van por la vida de súper-machos, presumiendo que son unas máquinas sexuales, que todo el sexo que quieren lo quieren sin compromiso («sólo diversion y bla bla bla…»)… Y luego tú les dices que eres una liberal en toda la extensión de la palabra y… ¿se asustan? ¿Qué es lo que quieren en realidad? ¿Una liberal adaptable a sus necesidades? ¿A qué tipo de mentiras retorcidas necesitan engancharse algunos hombre para poder echar un simple polvo (o dos o más)?

Eso me dejó un mal sabor de boca, pero yo seguí con el puto Tinder. No voy a mencionar los episodios de niños escribiéndome en otro idioma (porque hacen ese de abreviar incomprensiblemente el español, todo un nuevo idioma, totalmente incomprensible para mí), porque no merece la pena.

Después de unos días me escribe un tipo con quien tuve una agradable conversación. Parecía muy letrado y fue muy educado. Al finalizar la conversación le dije que me diera su número para agregarle a WhatsApp, de modo que pudiéramos comunicarnos mucho mejor. Al día siguiente le saludé para que guardara mi número y quedamos en hablar después.

Para malas, esa tarde me confirmaron un trabajo que me llevaría al menos tres semanas fuera de ciudad y debía salir al día siguiente muy temprano. Me puse en «modo productora» y me olvidé de todo, incluido de este caballero. El trabajo que tenía era en la selva, así que tenía señal ahora sí y ahora no, por lo que opté por dejar el teléfono en el hotel para evitarme la molestia de cargarlo si de todos modos no iba a ser muy útil…

Unos días después recargue mi teléfono para ver si alguien me había escrito. Tenía unos cuantos mensajes: cosas de trabajo, mi hermana y este caballero. Quien me había escrito cada día de la semana y, como veréis, cada día que pasaba el tono de enfado iba en aumento, en plan psicópata:

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=»3.0.105″][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text _builder_version=»3.0.105″ background_layout=»light»]

Día 1: «Hola, preciosa. ¿Cómo estás?».

Día 2: «Hola. ¿Estás por ahí?».

Día 3: «Hola. ¿Qué pasa? ¿Por qué no me contestas?».

Día 4: «Eres una maleducada. ¿Por qué no contestas? ¡Sé que me estás leyendo mis mensajes!».

Día 5: «Eres de lo peor. Siempre así, unas sinvergüenzas que engatusan a los hombres y después desaparecen. ¡Perra!».

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][et_pb_row][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text _builder_version=»3.0.105″ background_layout=»light»]

Me quedé «a cuadritos» y me pregunté: «¿A qué clase de gente le estoy dando mi número de teléfono?». Consideré una pérdida de tiempo intentar razonar con aquel tipo; simplemente lo bloqueé y continué con mi vida.

Con esto no quiero decir que haya personas a las que le vaya bien con esto, pero definitivamente no es lo mío. Yo prefiero el contacto cara a cara y piel a piel… Y así fue como di por concluidas mis aventuras en Tinder.

¿Y las vuestras, andariegas? ¿Cómo han sido las citas que habéis conseguido por Internet, en redes sociales y así…? ¿Han funcionado? ¡Cuéntanos!

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Publicaciones relacionadas

¿La solidaridad femenina existe?

¿Esiste la solidaridad femenina? Eso mismo se pregunta Mª Isabel Cisneros en este artículo de Andariega Magazine. ¡Conoce la respuesta!

María Isabel Cisneros

Independencia femenina: la meta

Con los años, como persona y mujer que soy, he aprendido de muchos de los errores que he cometido y de las experiencias que he vivido.

Suscríbete

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Fusce tincidunt nunc venenatis massa
sagittis gravida at at arcu. Maecenas tincidunt ornare erat, sit amet
eleifend diam porttitor in.