Lugares favoritos para sexo (I)

Guía para valientes: mis sitios favoritos (y soñados) para tener sexo (2 de 2)

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¿Listas para la continuación que prometí en el anterior artículo sobre lugares inolvidables para tener sexo? Pues no se ha hecho esperar. En realidad me salió un artículo tan largo que me dije, voy a hacer dos; y así lo he hecho. Así que seguimos con esa magnífica…

Guía para valientes

Mis sitios favoritos (y soñados) para tener sexo (2 de 2) 

Por favor, creedme

Tener sexo en una carpa de campaña es una buena idea… y una para valientes. Lo único, por favor, asegúrate que la has armado en perfecto equilibrio con el horizonte. Ni la más somera inclinación. De otro modo tú y tus partenaires vais a daros un buen paseo colina abajo. Por favor, creedme. Tened mucho cuidado. Por lo demás, el frío te lo quita el roce, pero el calor, dentro de una carpa de campaña, es insoportable. Desde luego que todo va a estar húmedo. Casi tanto como lo estaría en el fondo del mar. Y hablando del mar, la playa; por favor, creedme: buscad una tumbona o una hamaca. El sexo directamente sobre la arena — incluso sobre una toalla — trae sus consecuencias y no todas son igualmente excepcionales… O sí, precisamente, excepcionales: ya verás que si pruebas, será la excepción de todas las otras veces que quieras tener sexo en la playa pero que busques, para ello, una tumbona o una hamaca. De nada. ¿Y un parque? Pues claro. ¿Cómo puede pensar el municipio que van a construir lugares tan idílicos en mitad de las ciudades y no esperar que se llenen de adolescentes en celo? Y de no tan adolescentes, claro está. Señores del municipio, por favor, creedme: mis más sinceras gracias — de todo corazón — por tan fantásticos rincones inolvidables. Tened cuidado con las horas, eso es todo. Hay momentos en los que no quieres estar en un lugar público en el que tú y tu acompañante, precisamente, no podáis ser fácilmente vistos ni oídos.

Arriba y abajo

En el anterior artículo hablamos de baños de bares y oficinas. De lo que no hemos dicho nada es de las pistas de baile de los primeros y de los ascensores que a menudo te llevan a las segundas. Hay veces que las situaciones y la multitud — e incluso quizás los estados alterados de conciencia y las interrupciones de suministro eléctrico en según qué casos — ameritan a lo uno y a lo otro. Hoy en día, los ascensores suelen tener cámaras de seguridad, pero una sólo espera que, con la electricidad, se vayan también esos malditos ojos cotillas. Otra modalidad es hacerlo a contrarreloj, pero no he conocido el edificio que tenga los suficientes pisos. Pararlo como se hace en las películas, no veo cómo: ¿alguien ha visto alguna vez un botón que tú puedas tocar sin necesidad de una llave o una clave o un… ¡algo!, para hacer parar el ascensor? Hollywood: os flipáis. Las pistas de baile son otro cantar. He dicho bares como podría decir raves, lo que hago para en realidad referirme a cualquier fiesta al aire libre. Sé que las raves han de tener ciertas especificidades para caer dentro de tal concepto, pero pensad en cualquier fiesta al aire libre, de las fiestas del pueblo a la fiesta de graduación si pasaba en el patio de la escuela. Da igual. Cualquier lugar en el que el público estuviera «pasadito de vueltas» cualquiera fuera la fuente de diversión, siempre que ésta verdaderamente lo fuera. Quiero decir: junta música, sustancias y aire libre y las cosas siempre acaban pasando solas. Ha sido así desde los griegos — si no incluso de antes — así que no lo vamos a reinventar ni a cambiar nosotros. Así que con animo, paciencia e inhibición… Pues eso: arriba y abajo.

A por el Grand slam

No creo que haya nadie que pueda resistir toda la vida al encanto de la sala de un cine. Es bajar las luces y… hay quien dice que va a la película a ver la película y que no quiere perderse ni un segundo de ella, casi como si tuviera el tiempo amortizado de entrada por segundo y verdaderamente fuera a perder algo de su inversión por pestañear excesivamente. A mí tampoco me gusta perderme ni un solo segundo de la película… ahora bien, si a mi acompañante no le importa perderse algunos trozos… ¿qué voy a hacer yo? ¿Oponerme? Pues no; y me dejo hacer… mientras disfruto de una — esperemos — excelente película.

De los partidos a los que me han invitado… esos sí, ahí podría perderme la mayor parte del tiempo en algún recóndito rincón del estadio a darle rienda suelta a mi espíritu de liebre, pero ésa no ha caído. Es una buena idea… y es que no soy muy de fútbol. Es divertido como deporte, pero es aburridísimo como hobby. Y tampoco me ha pasado en un buen concierto… porque ahí soy yo la que entra en trance. La música en directo es manjar de los dioses. Aunque ese trance acarree comportarse como una niña de 15 años. ¿En uno no tan bueno? Sí, claro. Quiero decir, si descontamos festivales de música al aire libre (que bien por obvio entran en la categoría antes mencionada de fiestas al aire libr) un concierto aburrido o a uno que simplemente no pediste ir — y que no te está gustando nada — puede ser la oportunidad perfecta para tomar un «tiempo muerto» de lo más vivo.

Ovaciones, sorpresas y suspiros

Hablando de conciertos y de baños, hay algo que si sería mágico: la ópera. No digo el teatro, que también; o durante un espectáculo e danza. Hablo de la opera porque imaginaos: empieza la cosa con una obertura, como para calentar motores… pronto llega la voz, que te está contando una historia… van pasando las escenas y con ellos los actos… la música va in crescendo e in crescendo… se prepara la cadencia perfecta final… Y entonces, en el último fortissimo… Realmente, como diría el apuesto Edward Lewis: la ópera, o la amas o la odias. Al final, si hay suerte, la audiencia hasta se pone en pie y (te) aplaude.

Luego están las cosas que una hace cuando se es jovencita — o no siéndolo tanto. Portales. Accesos a edificios no protegidos por alguna razón. No es vandalismo si no te sorprenden. Sólo estás buscando… un pequeño refugio donde dar rienda suelta a un amor apasionado… Todo bien siempre que ningún vecino risueño decida salir a hacer ejercicio o a pasear al perro a la hora en que los bares ya han cerrado. O quién sabe, quizás el matrimonio del 2ºA que, incluyendo los dos hijos, el perro y la suegra de él, quieren dar comienzo a sus vacaciones lo más pronto posible para evitar tantas sorpresas como puedan encontrar… en la carretera, claro está.

Y está claro que si por urgencia hay veces que utilizas un portal, hay veces que por urgencia ni siquiera llegas a él. O que en la cabeza ya no te cabe más trago ni en la tripa más ganas y sale así como lava de un volcán y pasa porque tiene que pasar. Y cuando te quieres dar cuenta miras alrededor y te calmas con un sonoro suspiro al observar que los únicos testigos de lo acontecido son los miembros de una pareja que ha andado haciendo lo mismo que tú con la tuya todo este rato…

Tres pendientes y un funeral

Siempre he soñado con tener sexo en una boda. Si es con uno de los cónyuges o no, es algo que prefiero reservarme. Pero creo que sería absolutamente delicioso. Mi opinión sobre el matrimonio no creo que tenga nada que ver con ello. Es sólo que la gente va tan linda y elegante… Todos suelen oler bien y todo es excesivo, excesivamente opulento… Y cuando una se decide a hacer algo, ha de hacerlo a toda máquina. Si se trata de pecar, ¡pequemos!

Una noria. La rueda china. La Perla del Pacífico. Como quieran llamarla, espero que se hagan la idea. Justo cuando se queda paradita, allí en la cumbre, con la vista puesta en el horizonte y toda la sensación de vértigo mezclándose con el resto de sensaciones. Me titila el corazón — y lo que no es el corazón — sólo de pensarlo.

Llamadme rara, pero entonces no sé que me llamaréis a continuación. Hospitales. Lo sé, lo sé, son sitios de enfermedad y, en principio, no deberías ser muy apetecibles. Pero si alguien ha pasado mucho tiempo en el hospital, sabe que hay fiebres que no las quitan las medicinas. Además, es fácil hacer amigos en circunstancias adversas. Y los amigos están para animarse.

Ahora sí, llamadme rara: cementerios. No sé si por esto ya me excomulguen — si es que no lo estoy ya desde hace mucho tiempo —, pero… ¿no os parecen lugares así como relativamente románticos y sensuales? Supongo que la gótica oscura y romántica que ahí en mí asoma de vez en cuando para recordarme que, por mucho que crezca, una vez tuve una adolescencia…

Y tú, querida andariega, ¿cuáles son los sitios más extravagantes donde lo has hecho o donde te gustaría hacerlo?

.- DK

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